Durante toda mi vida fui una persona insegura. Solía saber lo que no quería, pero no lo que sí quería. Incluso al momento de elegir qué estudiar mi método fue el “descarte”, es decir, entre todas las opciones que había, me pregunté: ¿cuál era la “menos mala”?. Hasta para comprar ropa necesitaba la opinión de otras personas, aunque suene absurdo.

Creo que gran parte de ello se debe a que sufrí bullying cuando tenía 12 años. Edad en la que recién empiezas a conocerte, a forjar tu personalidad, junto a los cambios físicos y hormonales. Todos son hitos que te marcan. Y en mi caso fue un momento oscuro difícil de superar.

Después de ir a terapia, y tras haber transcurrido todos estos años, cuando por fin logré verlo con perspectiva, comprendí que el mayor aprendizaje que me traía esa experiencia era la seguridad en uno mismo, confiar en su instinto, y establecer una conexión con el interior por el cual no te importe lo que digan las demás personas, sin tener la necesidad de buscar la validación externa. Aquello lo pude comprender ahora, en esta etapa actual de mi vida. Pero durante mucho tiempo me arrastró a la tristeza, la depresión, y a una desconexión profunda conmigo misma.

Con el transcurso de los años, y durante mi vida universitaria, sentí que algo faltaba. Largas horas de estudio para la prueba de derecho, y luego con el examen de grado, sentí que estaba dedicando gran parte de mi tiempo a algo que no me llenaba por completo. Volver a esos 4 años que tomó titularme de abogada es conectarme con el esfuerzo, la dedicación, la perseverancia, la lucha por conseguir un objetivo, el cansancio, las lágrimas, la frustración, y también la ansiedad.

 

 

Durante el período que estudié para el examen de grado, hice la práctica, me titulé, y trabajé, ya intuía el querer hacer algo distinto. Comencé a buscar opciones para vivir en el extranjero por un período de tiempo. Mientras ahorraba el sueldo, me pasaba varias horas buscando en internet algún salvavidas, hasta que las opciones comenzaron a aparecer. Encontré lo que necesitaba en esos momentos: vivir durante un año en Canadá gracias a la Working Holiday visa.

Con la decisión tomada, y ahorrando todo lo que podía, le conté a mi familia y amigos lo que iba a hacer. La emoción de vivir una nueva experiencia, fuera de Chile, con otra cultura e idioma, me hacía vibrar. Y cuando tuve la visa estampada en mi  pasaporte fui consciente que lo había conseguido: me iba sólo con pasaje de ida.

La felicidad de subirme al avión con destino a mi próxima aventura, sin saber lo que me esperaba, es de los pocos momentos en que sentí que el corazón me iba a explotar de las fuertes palpitaciones. Y ya cuando me bajé del avión, y no entendía dónde estaba parada, me sentí como un extraterrestre en un lugar desconocido. Aquello me hizo comprender que había salido de mi zona de confort, y eso era lo que necesitaba.

No te voy a negar que fue duro. No todo fue color de rosa. Tuve momentos de frustración, sobre todo por el inglés; también momentos de soledad, en especial los días de inviernos en los cuales había pocas horas de luz. Pero, al mismo tiempo, hubo momentos de alegría, como haber ido a Nueva York para año nuevo, y haber tenido una blanca navidad con los amigos que en, esos momentos, eran mi familia.

Aquella experiencia me hizo crecer, madurar, y tener que resolver todo por mí misma, para darme cuenta lo valiente que soy. También me ayudó para tomar conciencia sobre aspectos de mi vida que no tenía resuelto. Pero lo que no sabía es que Canadá sólo sería el comienzo. Tiempo después comprendí que se estaba sembrando una semilla para algo más.

 

 

Cuando regresé a Chile me sentí inadaptada. Había vivido tantas cosas, y aquí todo seguía igual. Había pasado un año, pero para mí fue como si fuese toda una vida.

Empecé a trabajar, volví a la casa de mis padres, y me junté con los amigos de siempre. Se suponía que solo venía por un tiempo, ya que otra visa Working Holiday, ahora para Nueva Zelanda, me estaba esperando. Al final la idea no prosperó y me quede.

Es extraño darse cuenta que a medida que fueron transcurriendo los meses la experiencia en Canadá se fue convirtiendo en una linda historia para contar, la cual comenzó a formar parte de una experiencia vivida en el pasado. Y así volví a sentarme en el sillón gigante de la comodidad.  Pero la vida es sabia, y sin saberlo, me tenía preparada experiencias que me iban a provocar una crisis. Basto que dijera: “suficiente, de esto salgo” para irme a viajar sola por primera vez en mi vida.

Tras haber renunciado de nuevo al mismo trabajo, decidí irme de viaje, aunque nadie me acompañara. Y resultó que por más que pregunté a distintas personas si querían sumarse al viaje, no tuve respuesta positiva. En aquel instante pensé: ¿qué hago? Eran tantas mis ganas y deseos de viajar que decidí hacerlo sola, aun cuando la sola idea me aterraba.

El destino elegido fue Brasil, y allí estuve durante dos meses. El día que tomé el avión estaba muerta de miedo. Creo que nunca había sentido tanto miedo en mi vida. Era un sentimiento completamente distinto al que tuve cuando fui a Canadá.

Luego comprendí que la razón era porque ese viaje sería distinto. Por primera vez estaría solo conmigo misma, no habría nadie a mi lado y nadie estaría esperándome en el aeropuerto, incluso llegaría al alojamiento sin conocer a nadie. Tendría total libertad para hacer lo que quisiera.

En ese viaje tomé la mayor decisión de mi vida: haría un cambio drástico, porque ya no quería seguir viviendo de la misma forma. Fue un viaje de liberación, sanación, encuentro conmigo misma, de perdonar, reinventarme, y hacer un viaje interior.

En el camino conocí a muchas personas con quienes compartí y conversé. Muchos de ellos también estaban viajando solos, así que en ningún momento me sentí sola. Y cuando estuve sin compañía, fue porque así lo decidí.

Al dormir no sabía qué haría al día siguiente. A la hora del desayuno siempre había alguna persona que te preguntaba: ¿qué vas a hacer hoy? Y recién ahí decidía a dónde ir, cuál lugar conocer, y, sobre todo, si lo haría sola o acompañada.

Sentí un amor profundo por viajar, y el deseo intenso de querer hacerlo toda mi vida. Sentí, por primera vez, un amor profundo por mí misma; y, también, por todo lo que estaba a mi alrededor: la naturaleza en todo su esplendor, y las personas que seguían su viaje.

 

 

Viajando vinieron muchas ideas a mi cabeza sobre qué podía hacer. Incluso un día tuve muchas ganas de escribir, así que tomé un papel y un lápiz y comencé a escribir, sin pensar y sin analizar. Cuando terminé de escribir miré con sorpresa, y descubrí que lo que había escrito era una lista de temas para compartir aquí en la página. La decisión estaba clara: abriría un blog, en el cual compartir mi experiencia y lo que he aprendido, para ayudar a otras personas.

Cuando regresé a Chile tuve dos cosas claras: abrir un blog, y continuar indagando en mi interior. Si quería un cambio verdadero sabía que el viaje en Brasil había sido un puntapié para hacerlo.

Durante todo el año pasado me centré sólo en mí. Si bien había hecho un gran avance, debía continuar con el trabajo interno para así vivir mejor. Comencé a meditar e ir a clases de yoga. También leí mucho sobre desarrollo personal, y realicé cursos.

En ese camino no solo me descubrí, sino también empezó a presentarse oportunidades y conocer nuevas personas, quienes serían una ayuda en esta nueva etapa.

El mayor acercamiento se produjo gracias al blog, ya que comencé a ser miembro de ACBV. Ahí conocí a personas que comparten mi misma pasión por los viajes.

Luego ingresé a la END y encontré las herramientas necesarias para estar donde estoy ahora: al otro lado de la pantalla, mientras tú lees estas líneas. También tengo mis ideas claras sobre el propósito de esta página y mi sueño. Además he conocido a personas que están en las mismas que yo: sueñan con ser nómada digital, para vivir viajando o para tener más tiempo con su familia.

Ahora estoy en la incertidumbre. No sé lo que vaya a pasar, y tampoco sé lo que la vida me tiene preparada. Lo que sí sé es que todos los días me siento agradecida: por todo lo que he vivido, por el momento actual en el que me encuentro, por las personas que he ido conociendo, y por las oportunidades que a poco comienzan a mostrarse.

También sé que cuando decidí recorrer este camino y compartirlo abiertamente con todos ustedes, me comprometí a mostrarme en forma autentica, tal cual soy, y sin pretender algo que no soy. Por ello, todo lo que has leído en estas líneas es mi vida, y quién soy: una persona que quiere vivir lo mejor de la vida y de mí misma; y, al mismo tiempo, ser transparente y compartir todo en esta página, con el único fin de querer ayudarte a que tú también tomes las riendas de tu vida.

Gracias a la magia de internet es posible establecer una relación genuina que traspasa todo límite fronterizo. Es como si todos los países, y las personas, se reunieran al otro lado de la pantalla, y piensen: me siento identificada con tu historia, siento lo mismo que tú, quiero hacer lo mismo que tú, y tantas otras cosas.

 

Foto: Alba Design

 

Leyendo encontré a varias personas que comparten historias parecidas a la mía: decidieron reinventarse y vivir de lo que más les apasiona, a través de internet. Todas ellas, así como muchas otras personas, un día decidieron hacer un cambio en su vida, porque no podían continuar viviendo de la misma forma. Algunas de estas valientes personas son:

Que lindo es encontrar a personas que se convierten en tus guías y referentes. Personas que son una fuente de inspiración, y me hacen preguntar: si ellos pudieron, ¿por qué yo no?

No sé si algún día lo logre o no; y si más adelante alguna persona pensará lo mismo acerca de mí. Lo único que puedo hacer, en estos momentos, es continuar trabajando por cumplir mis sueños; y levantarme todos los días pensando: ¿cómo puedo ayudar a más personas?

Si has llegado hasta aquí, te agradezco de todo corazón que hayas dedicado unos minutos de tu vida para leer todo este artículo. No es fácil compartir algo tan personal e íntimo como las palabras escritas aquí.

Sin embargo, en el afán de ser fiel a mí misma y a ustedes, quiero decirles que es algo liberador todo lo que les he compartido; y que me pongo al servicio de cada uno de ustedes, con el sólo objetivo que mi historia, y el camino que sigo recorriendo, te ayuden para que un día tú también permitas que llegue a ti todo lo que la vida te tiene preparado.

No hay mejor recorrido que el viaje de la vida.

¡Buen camino!

 

 

Después de vivir en el extranjero y viajar sola decidí reinventarme para vivir más alineada a quien soy y la vida que quiero.
Ahora ayudo a que vivas en conexión contigo misma para hacer un cambio de vida y vivas en amor, libertad y abundancia.

Te dejo esta guía gratuita para que empieces hoy mismo.







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