Ir a vivir a otro país diferente al tuyo, aunque sea por un período determinado de tiempo –como fue mi caso– no es fácil. Ser un inmigrante tampoco lo es.

Al principio todo es nuevo. Te emocionas con cosas simples que –en tu país- no tendría mayor relevancia. Te detienes a observar todo. Quieres registrar cada esquina, cada olor, así como el gesto amable que tuvo contigo la persona que te cruzaste en la calle.

Salir a hacer trámites como abrir una cuenta bancaria, y tener un número nuevo de celular, se convierten en panoramas ideales para descubrir más y más la nueva ciudad donde vives. Incluso la búsqueda de trabajo, y adaptarse al nuevo idioma, provocan un cosquilleo en el estómago, como sucede al ver la persona que te gusta.

Buscar un lugar donde vivir ¡que desafío! Cuanta expectación por planificar el viaje cómo llegar al lugar, y utilizar el salvador Google Maps y GPS. Aprender sobre qué considerar para elegir bien: ubicación, barrio, trayecto, locomoción, precio, forma de pago, gastos extras, entre otros.

A medida que transcurre el tiempo vas conociendo nuevas personas, comienzas a aprender nuevas palabras, e incluso te familiarizas con qué comprar en el supermercado, y cuál estación de metro está cerca del lugar donde vives.

 

 

Sin embargo, no todo es color de rosa. En general, como todas las cosas en la vida, ser inmigrante tiene su «lado b». Si provienes de algún país de Latinoamérica y vives en un país de habla inglesa -como fue mi caso- te encuentras con la primera barrera: el idioma; y me refiero en términos generales, entendiendo que el idioma nativo es el español, y no el inglés. De todos modos, se trata de una barrera que puedes traspasar, si así te lo propones. Por lo tanto, el real problema está cuando te encuentras con una barrera que es imposible de saltar, por el simple hecho que no depende exclusivamente de ti: la discriminación.

Muchas veces ocurre que no te lo expresan de forma explícita, pero sí te lo hacen sentir de alguna u otra forma como, por ejemplo, no tienen idea dónde está ubicado tu país. Otra situación está en que creen que sólo por provenir de un país de Latinoamérica, ello significa que vas a robar. O que una persona te trate de engañar y estafar, cuando haces el trámite de devolución de impuestos, aprovechándose de tu desconocimiento e ignorancia.

No obstante, a pesar de las cosas negativas que pueden ocurrir, y que muchas veces existen en tu propio país, cuando decides balancear entre las cosas buenas y malas, te das cuenta que tu nuevo hogar puede resultar mejor que el que dejaste atrás. Se trata de un nuevo comenzar, considerando que en ocasiones puede ocurrir que en el nuevo país eres una persona que con suerte salió del colegio –salvo casos de convalidación de título, o algo por el estilo- lo cual, precisamente, conlleva una nueva oportunidad.

¿Qué pasa cuando, a pesar de todo lo dicho, decides regresar a tu país? También se trata de un nuevo comenzar: volver a adaptarse, y reconstruir lo que se había dejado en pausa. No obstante, para mi sorpresa, hubo algo distinto cuando llegue a Chile ¡comenzaron a haber inmigrantes! y no lo digo en forma negativa, no se mal entienda, sino todo lo contrario: fue inesperado ver cuánto había cambiado, y al salir a la calle no ver la típica uniformidad de personas que había antes. Ahora es posible escuchar distintos acentos de un mismo idioma, contemplar diversos colores de piel, distintas formas de vestir y de peinarse. La diversidad de la que fui partícipe cuando viví en Toronto –ciudad con muchos inmigrantes y muy multicultural- lo continuo apreciando ahora en Santiago de Chile ¡que alegría!

Me gusta la diversidad. Un país y su población se enriquece cuando abrimos los brazos a la diferencia, mediante la inclusión, y así crear una nueva realidad más rica. Aquello te permite conocer nuevas culturas, empaparte de otras realidades, respetar y tolerar al otro, y comprender que todos somos diferentes. Y, precisamente, eso es lo que encuentras cuando estás de viaje.

Cuando rompes el cascaron, y sales de tu zona de confort, todo cambia: se transforma la manera de ver la vida, desaparece la estrechez de mente, y afloran los sentimientos de solidaridad.

 

Lamentablemente en el camino te encuentras con personas que nunca han salido de su país, salvo para 15 días de vacaciones al año, del cual suelen provenir comentarios de xenofobia a los inmigrantes, así como la intolerancia. Con esto no quiero generalizar, sólo poner sobre la mesa que suele ocurrir que las personas que hacen este tipo de comentarios jamás han vivido en el extranjero, y tampoco han viajado por un período largo de tiempo, ya que al hacer ésto el cambio es inevitable.

Me parece que el problema está en que los seres humanos cada vez están más inhumanos. No cuesta absolutamente nada acercarse a una persona ciega y preguntarle a dónde va, y –si es posible- acompañarlo a su destino. Es gratis sonreír a un haitiano, aunque no entiendas lo que dice. Es casi una obligación ceder el asiento cuando ves a una persona mayor o a una madre con su hijo pequeño. Me preguntó: ¿qué pasaría si tú fueses esa persona?

En Chile está recién próximo a salir una nueva ley migratoria, lo cual hace 2 o 3 años atrás no era tema, y no formaba parte de la agenda política del país. La razón de esto es la casi nula existencia de inmigrante que había en aquellos años. En la actualidad es todo lo contrario: al salir a la calle es posible ver cada vez mayor diversidad, y escuchar una variedad de acentos, lo cual -gracias a ello- me permite iniciar una conversación con un extraño al preguntarle ¿de dónde eres?

 

 

La vida del inmigrante no es fácil. Te encuentras con burocracia y trabas legales. Pero aún así, deciden dejar sus tierras, y cargar una mochila llena de sueños y esperanzas porque creen que la vida puede ser mejor ¡que valientes son!

Ojalá fuesen más las personas que decidieran salir de su país –aunque sea por un tiempo- ya sea de viaje o a vivir al extranjero. De seguro te enriquecerá, te cambiará la vida para siempre y, sobre todo, te cambiará la visión de las personas. Comprenderás que para la persona que está sentada al lado tuyo en el metro, no fue fácil dejar familia y amigos para aventurarse a encontrar lo que esté buscando, y que –quizás- no es posible hallar en su país: nuevas oportunidades. Un simple gesto de amabilidad puede cambiarle el día a esa persona.

Espero cada vez haya más inmigrante, así las nuevas generaciones crecerán en un país más tolerante, que acepta la diversidad, y no llama al otro “extranjero” en forma despectiva. Y así, cuando miremos hacia atrás en un par de años más, podamos decir cuánto ha cambiado, y la diversidad rica que tiene Chile y el mundo, porque cada continente y cada país es así: distinto y diverso.

 

 

¡Gracias por compartir!

shares






Descarga gratis: 7 claves para conocerte más y mejor en tu siguiente viaje

Responsable: Viajes Que Transforman, siendo la Finalidad; envío de mis publicaciones así como correos comerciales. La Legitimación; es gracias a tu consentimiento. Destinatarios: tus datos se encuentran alojados en mis plataformas de email marketing MailChimp ubicada en EEUU y acogida al Privacy Shield. Podrás ejercer Tus Derechos de Acceso, Rectificación, Limitación o Suprimir tus datos en contacto@viajesquetransforman.com. Para más información consulte nuestra política de privacidad.

close

Escribe tu email y recibe gratis la guía

Responsable: Viajes Que Transforman, siendo la Finalidad; envío de mis publicaciones así como correos comerciales. La Legitimación; es gracias a tu consentimiento. Destinatarios: tus datos se encuentran alojados en mis plataformas de email marketing MailChimp ubicada en EEUU y acogida al Privacy Shield. Podrás ejercer Tus Derechos de Acceso, Rectificación, Limitación o Suprimir tus datos en contacto@viajesquetransforman.com. Para más información consulte nuestra política de privacidad.