Si estás aquí, interesada en aprender a meditar, es porque algo resuena en tu interior que te dice que pruebes cómo es.

Quizás has leído o escuchado los múltiples beneficios de la meditación, y quizás tu interés sea:

  • Tener más calma mental,
  • Reducir tus niveles de estrés,
  • Vivir sin ansiedad,
  • Sentirte más feliz y en paz,
  • Reconectar con tu esencia.

En la sociedad actual, en la que vivimos hacia fuera, sin detenernos a preguntarnos qué está ocurriendo en mi interior, una práctica meditativa puede ser la herramienta que necesites para encontrar lo que sea que estés buscando.

Así que felicidades por estar aquí y por darle la oportunidad a la meditación para descubrir por ti misma todo lo que te puede entregar; especialmente porque te estás haciendo el mejor de los regalos: tener un momento de silencio para estar con uno mismo y experimentar la presencia de tu ser.  

 

 

Mitos que te impiden meditar 

 

Con los años la meditación se ha vuelto muy popular y cada vez son más las personas interesadas en conocer esta práctica milenaria. Sin embargo, existe un estereotipo del meditador que no siempre está acorde a la realidad.

Meditar suele asociarse a la imagen de estar sentada, con las piernas cruzadas y las manos en la rodilla, con los ojos cerrados, y tratar de colocar la mente en blanco. En parte ello es cierto, no obstante, no siempre es así, porque existen otras opciones para realizar la práctica.

Si te preguntas por qué no puedo meditar, ahora te darás cuenta que es debido a ideas erradas preconcebidas sobre el proceso meditativo.

Vamos a derribar algunos de estos mitos 😉

 

 

1. «No puedo colocar la mente en blanco»

 

Es prácticamente imposible no pensar en absolutamente nada. Incluso me atrevería a decir que hasta las personas más iluminadas siguen pensando.

La diferencia está en la calidad de tus pensamientos y a cuáles les prestas atención y a cuáles no.

Voy a cumplir 1 año meditando y he pasado por períodos: hay días en que mi mente está muy inquieta y aunque trate de calmarla aparecen y me bombardean más pensamientos; en cambio, hay otros en los que mi mente está más serena y es más fácil poder identificar mis pensamientos. Esto quiere decir que tengo más intervalos de “vacío mental”, pero jamás no pensar en nada.

Cuando te dispones a meditar debes tener en cuenta que los pensamientos van a aparecer y el ruido mental se hará presente, sobre todo cuando recién empiezas.

Tienes que dejar que los pensamientos transcurran sin prestarles atención; es decir, cuando aparece no te vas con él, sino que regresas al momento presente y te vuelves a concentrar en tu respiración.

La respiración consciente siempre te ayudará a anclarte en tu presente y a que la mente no se disperse.

 

 

2. «Me da sueño meditar»

 

Cuando cierras los ojos no necesariamente es para dormir, pero si pretendes meditar cuando estás cansada, claro que el cuerpo te va a decir: ¿por qué mejor no dormimos? Acto seguido bostezaras y decidirás que mejor te vas a dormir y ya otro día medito. ¿Te suena?

El cuerpo es una máquina perfecta hasta que entra en juego la mente, que te dice que trates de meditar aunque estés casada, pero el cuerpo te dice que ahora no es el momento.

La responsabilidad no es de la meditación sino de ti al pretender practicar cuando te sientes cansada, ya que por lógica te dará sueño.

Elije un momento del día en el que te sientas con más energía. Quizás en la mañana, cuando recién has despertado, sea el mejor momento tras haber dormido toda la noche (en todo caso, todo depende de cuántas horas hayas dormido y de la calidad del sueño).

A mí me resulta más práctico hacerlo en la mañana, cuando me he levantado. Aunque ahora también he incorporado hacerlo en la noche y meditar antes de dormir.

 

 

3. «La meditación es difícil»

 

Nada es fácil o difícil per se, sino que todo depende de cómo mires las cosas.

Incluso podrías sorprenderte al descubrir que meditar puede ser más sencillo de lo que parece.

Si sólo te quedas con que alguien te dijo que es difícil, o con lo que alguna vez leíste sobre la meditación, entonces nunca lo sabrás por no tener tu propia experiencia.

 Puede ser más difícil al principio, sobre todo cuando recién estás empezando, pero ello no quiere decir que siempre será así. Lo que se requiere es práctica y hacerlo un hábito, ojalá todos los días.

Con la práctica se irá haciendo más sencillo. Incluso, con el tiempo, puedes llegar a sentir en tu interior la necesidad de meditar para conectar con uno mismo.

 

 

4. «Para qué meditar si no pasa nada»

 

Comenzar tu práctica de meditación con la expectativa de tener resultados rápidos e instantáneos, porque te gustó todos los beneficios que conlleva, entonces quizás estés destinado al fracaso por tu apego a un resultado.

Todo en la vida toma tiempo, y la meditación no es la excepción.

Pueden transcurrir meses, incluso años, hasta que percibas los cambios, lo que no necesariamente quiere decir que nada ocurra. Pueden haber cambios imperceptibles, pero ello no significa que nada ha cambiado.

Un estudio de la Universidad de Harvard dice que el cerebro comienza a transformarse luego de 8 semanas meditando.

Si quieres ver cambios tienes que tener paciencia y la disciplina para hacer de la meditación un hábito. Con el tiempo y la práctica descubrirás por ti misma todos sus beneficios.

 

 

5. «No tengo tiempo para meditar todos los días»

 

¿En serio no tienes tiempo? Entonces, si tuvieras todo el tiempo del mundo ¿sí meditarías?

El “no tengo tiempo” da para escribir un artículo completo sobre el tema, pero lo cierto es que la frase se ha convertido en un cliché que sirve como excusa -para los demás y para uno mismo- cuando hay algo que no quieres hacer. Lo que hay detrás es una falta de interés y de prioridad.

Cuando estás haciendo algo que te encanta el tiempo pasa volando, pero cuando estás haciendo algo que te aburre miras a cada rato la hora y tienes la sensación que el tiempo pasa muy lento. La realidad es que el tiempo sigue siendo el mismo, pero lo que cambia es la percepción que tienes de el.

Lo mismo ocurre con la meditación. Si realmente te interesa aprender a meditar y quieres experimentar -por ti misma- todos sus beneficios, entonces es necesario que dicha práctica sea un hábito diario, así como te lavas los dientes todos los días.

Siempre tendrás 5 minutos para calmarte, sentirte y tomar conciencia de tu respiración, de cómo está tu cuerpo y cómo te sientes; son sólo 5 minutos que te estás regalando para estar contigo misma. Luego, con el tiempo, puedes ir aumentando los minutos en la medida que así lo sientas.

 

 

¿Cómo meditar correctamente? 

 

No hay una fórmula que te diga si lo estás haciendo bien o mal, pero sí hay ciertas condiciones que te pueden brindar el confort que necesitas, sobre todo cuando eres principiante.

Lo que te voy a decir a continuación es en caso que quieras aprender a meditar en casa, porque si lo que deseas es ir a algún lugar para realizar tu práctica meditativa, puede que lo que te diga varíe un poco. Ahí ve tú y lo adaptas 😉

La idea es que te prepares y tengas todas las condiciones previas antes de comenzar tu práctica.

 

 

1. Elige una hora y un lugar

 

Es importante tener un lugar y una hora en la que sebes que podrás meditar sin interrupciones.

Quizás en la mañana, antes del trabajo, puedes practicar en el living de tu casa; o por la noche, antes de dormir, puedes hacerlo en tu pieza.

Busca lo que mejor se adapte a ti, teniendo la certeza que podrás tener unos minutos para estar contigo misma, sin que nada ni nadie te interrumpa.

A mí me resulta meditar en las mañanas, en mi pieza; aunque ahora, también, he comenzado a hacerlo en las noches, antes de dormir (sí, estoy meditando dos veces en el día).

Cuando hay mucho ruido, que me distraen fácilmente, uso tapones de oídos que me ayudan a aislarme del ruido ambiental, sobre todo en la mañana, porque en la noche -en forma natural- hay más silencio.

 

 

2. Cierra los ojos

 

Puede parecer obvio pero no es así, debido a que existen meditaciones que pueden hacer con los ojos abiertos. Algunas se basan en que te concentres en un objeto determinado para así alcanzar un estado de concentración.

Si eres principiante quizás te gustaría empezar a meditar observando un objeto, y luego intentar con los ojos cerrados. Es decir, si es difícil para ti la meditación con los ojos cerrados, entonces puedes intentar hacerlo abriendo los ojos y colocando la mirada en un objeto.

Creo que la única vez que me ha salido -de forma natural- quedarme quieta viendo una sola cosa, ha sido con una vela encendida, ya que es inevitable quedarme pegada viendo la llama, pero no sé si a eso llamarle meditación, ¿o sí? ¿Qué crees?

A mí me gusta cerrar los ojos porque así puedo abstraerme de lo externo (aunque sea por un momento) y contemplar mi mundo interior, para tomar consciencia de cómo está mi cuerpo, qué pensamientos pasan por mi mente, y cómo me siento.

 

meditar

 

 

3. Usa ropa cómoda

 

No intentes meditar con jeans, vestido, falda, o cualquier otra ropa que te incomode porque te vas a distraer.

Mejor usa buzo, calzas o alguna otra prenda que sea flexible como, por ejemplo, la ropa deportiva.

También procura abrigarte porque meditando puede bajar la temperatura, ya que tu cuerpo y tu mente se empieza a relajar.

Ya me ha pasado estar en pleno proceso meditativo y sentir frío y pensar que no quiero abrir los ojos e ir a buscar algo para abrigarme… ¡error! Ya me distraje y me puse a pensar en el frío que siento.

Lo mismo, por el contrario, si te da calor. Si donde vives hace calor, entonces usa ropa ligera que te ayude, porque también puede pasar que durante la meditación te de calor por la propia energía del cuerpo.

 

 

4. Decide cuánto tiempo vas a meditar

 

Antes de comenzar elige la duración de tu meditación.

Si eres principiante y recién estás comenzando, te recomiendo empezar con 5 minutos y con el tiempo ir aumentando en forma gradual.

Puedes colocar el cronómetro, el temporizador o la alarme en tu celular para saber cuánto tiempo ha transcurrido. Pero ¡ojo! No te distraigas con tu celular viendo las redes sociales o contestando el Whatsapp, la idea es que sólo lo utilices como una forma de medir el tiempo.

Al principio no usaba nada y solo meditaba el tiempo que quería. Hubo días en que no pasaba de los 5 minutos y otros en los que fácilmente estaba 30 minutos meditando.

Luego comencé a utilizar el cronómetro del celular para saber el tiempo, pero continúo dejando la libertad de estar el tiempo que desee según lo que vaya sintiendo durante la meditación.

 

 

5. Escoge una postura cómoda

 

Es muy importante que estés cómoda durante toda la meditación, por ello la postura es fundamental.

Puedes estar sentada sobre un cojin o sentada en una silla. Sí es importante que tu espalda esté recta debido a que es el canal para que la energía suba y circule.

Comencé haciendo la clásica postura que uno ve en todas las fotos, pero con el tiempo me di cuenta que para mí es más cómodo sentarme en el borde de mi cama.

El cuerpo tiene que estar relajado, sin ninguna tensión, para que así tu mente no se distraiga con alguna molestia.

Al principio no podía mantener la espalda derecha y la tendía a encorvar, y me molestaba mantener los hombros atrás y el pecho abierto. Pero con el tiempo mi cuerpo se fue adaptando y ahora en forma natural toma la postura correcta.

Si también te gusta el yoga te recomiendo practicarlo. A mí me ha ayudado mucho a mejorar mi postura y a fortalecer mi espalda.

 

 

Pasos para meditar fácilmente 

 

Ahora sí nos toca indagar sobre algunas técnicas para que comiences con tu práctica.

No solo es necesario que tengas una actitud física sino, también, ésta debe ser mental, para que así puedas aprovechar al máximo el tiempo que estás meditando.

 

 

1. Concéntrate en la respiración

 

Así como la respiración es fundamental en yoga, lo mismo ocurre en la meditación.

Concentrarte en la inhalación y la exhalación te ayudará a que la mente no divague y que puedas estar en el momento presente. La respiración no ocurre en el pasado ni en el futuro, está ocurriendo ahora.

Puedes concentrarte en el sonido que produce tus fosas nasales cada vez que el aire entra y sale. También puedes colocar tus manos en el estómago para sentir como se expande y se contrae con cada respiración.

Lo importante es que sea una respiración consciente y no en piloto automático, como suele ser durante el día por no prestar atención a cómo estás respirando.

Este ejercicio lo puedes hacer cada vez que necesites estar tranquila y bajar tus niveles de ansiedad y estrés, y no solo cuando estás meditando. Basta unos minutos para que automáticamente entres en un estado de paz y tranquilidad.

 

 

2. Deja que los pensamientos transcurran

 

Como te contaba más arriba, no esperes poner tu mente en blanco porque no va a ocurrir. Es inevitable pensar, al igual que sentir.

La clave está en ¿qué puedes hacer tú? Tienes 2 opciones:

  • Perderte en lo que estás pensado, engancharte a esa emoción que surgió; y al final te dominan.
  • Observar (como si fueses un tercero imparcial) el pensamiento y la emoción, dejando que sigan su camino; y al final tú tienes el poder.

Estamos acostumbrados a que la mente nos domine y haga lo que quiera. Pero cuando tomas conciencia de ello puedes revertirlo, para que tú tomes el control.

Cuando comienzas a observar tus pensamientos eres consciente sobre la calidad de ellos, es decir, te das cuenta si la mayoría te beneficia o te perjudica. Dejas de pensar en piloto automático para ahora elegir qué quieres pensar.

Durante la meditación date cuenta de todos los pensamientos que aparecen y que quieren distraerte, y así podrás tener una mente más calmada gracias a la práctica y transcurrido un tiempo.

 

 

3. Haz de la meditación un hábito saludable

 

Un hábito puede ser beneficioso o perjudicial.

Adquirir un nuevo hábito toma tiempo, pero no por ello es imposible.

Como mínimo deben transcurrir 21 días para que la mente se acostumbre a ese nuevo hábito y lo interiorice. Ojo que eso es lo mínimo, así que puede ser durante 30 o 40 días (o el tiempo que consideres necesario) para que -realmente- forme parte de tu rutina y no se te olvide.

Comencé meditando todos los días, durante 100 días, a propósito de un desafío; el que consistía en hacer algo que tú sabías que no eras constante, y pensé en la meditación porque realmente quería empezar a practicar, pero no era constante: un día lo hacía, otro día no, luego se me olvidaba y lo retomaba cuando me acordaba.

Aquel desafío me ayudó porque hice un compromiso conmigo misma para cumplirlo. Tras 100 días la meditación ya formaba parte de mi rutina diaria.

Haz la prueba e inténtalo durante el tiempo que sea óptimo para ti 🙂

 

 

4. Sé paciente

 

Los beneficios no los vas a experimentar de la noche a la mañana. No esperes resultados inmediatos porque no va a ocurrir.

Mejor no tengas expectativas y deja que el proceso meditativo te sorprenda. No te apegues a ningún resultado en particular.

En la medida que practiques todos los días y seas un meditador constante, entonces de a poco irás dándote cuenta de pequeños cambios.

Al principio no sentía absolutamente nada, pero tuve la confianza que en algún otro nivel sí se estaba empezando a producir transformaciones. No recuerdo cuánto tiempo después empecé a darme cuenta de mis propios cambios, pero sí te puedo decir que tras 1 año claramente hay un antes y un después.

Incluso cuando he estado en períodos en los que no he tenido ganas de meditar, he estado más inestable emocionalmente, mi mente ha vuelto a entrar en escena y se ha apoderado de todo, me he sentido fuera de equilibrio, etc.

 

 

Este video explica muy bien todo lo que te he contado en el artículo, a modo de síntesis 😉

 

 

 

 

Conclusión

 

La meditación es más sencilla de lo que parece, sobre todo cuando eliminas de tu mente todos los estereotipos que te están impidiendo comenzar con tu práctica.

Cuando comienzas, sobre todo si eres principiante, es importante tener en cuenta ciertas condiciones que te ayudarán a experimentar sus beneficios.

Dichas condiciones incluyen tu cuerpo y tu mente; al punto que si ambos están en circunstancias óptimas, será inevitable que cada vez quieras meditar más.

La clave para triunfar es la disciplina, el tiempo y la constancia, para que así -de a poco- te puedas beneficiar de la meditación.

 

 

Ahora cuéntame:

  • ¿Qué excusas te dices para no darle una oportunidad a la meditación?
  • ¿Cuándo comenzarás a meditar?

 

 

¡Gracias por compartir!

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