En el artículo anterior te conté como viajar cambió mi vida, y todo lo que tuve que atravesar para estar donde estoy ahora. Porque después de un viaje, uno regresa distinto a como se fue.

No obstante, no me quise quedar sólo con mi historia personal. También quería conocer la experiencia de otras personas.

Es así como me embarqué en la búsqueda de personas que hayan tenido un viaje personal, el cual les haya cambiado su vida. Y encontré que muchos de ellos habían regresado distintos a como se fueron.

Las historias que vas a leer a continuación están relatadas en primera persona. Por esta razón, el orden que he elegido es el alfabético según el protagonista de su historia.

Si tú también quieres que tu próximo viaje sea el puntapié para hacer cambios en tu vida, entonces descarga gratis la guía. 

Ahora sí… trae una taza de té, café, una cerveza, o lo que desees; y disfruta de estas historias fascinantes cargadas de inspiración.

 

 

Ascen de Capture the Atlas

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Si hay un viaje que me ha transformado ese ha sido el roadtrip que hicimos por las Montañas Rocosas de Canadá. La naturaleza me ha entusiasmado desde pequeña pero la sociedad hace que nos vayamos desnaturalizando con el tiempo y rompamos esa conexión con el “yo salvaje” que todos tenemos dentro.

Un atardecer, a orillas de Maligne Lake, un lobo se cruzó en nuestro camino. Las antiguas naciones originarias de Canadá, esas pequeñas tribus indígenas que convivían en total armonía con la naturaleza, tenían la creencia de que esto era una señal para vivir tu vida más libre, con más intensidad y pasión y confiando en tus instintos. Seguir ese camino que quizás tu mente no conoce, pero tus instintos más primarios sí.

El lobo nos miró a los ojos, sin miedo y después desapareció entre las sombras de los pinos. No había duda. Había que deshacerse de las ataduras, acercarse al calor de quien realmente quieres y vivir una vida plena, libre de correas y cadenas.

Desde entonces nada ha vuelto a ser igual, la chica que se fue a Canadá de vacaciones nunca más volvió. Mi nuevo yo ahora vive rompiendo poco a poco cadenas, tal y como su hermano lobo le enseño. Cada día un poco más libre y real.

 

 

 

Ana de Respira Pilates

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El pasado verano decidí recorrer Dinamarca en bicicleta. Nunca antes había viajado de esta manera y realmente fue una experiencia transformadora.

Fueron dos semanas casi viviendo al aire libre, disfrutando de la naturaleza, sintiendo el frío, el calor, la lluvia.

Y llevando una mochila de 20 litros como único equipaje. Pensaba que eran muy pocas cosas, pero no necesité más. De hecho, me dio mucha paz viajar tan ligera de equipaje, llevando sólo lo necesario, y centrándome en disfrutar de lo que sí es importante.

Cuando volví empecé a deshacerme de todo lo que llevaba acumulando en casa durante años y que no usaba.

Este viaje me ha hecho llevar una vida más sencilla.

 

 

Antonio de Inteligencia Viajera

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Gracias a esta vuelta al mundo estoy conociendo lugares, culturas y sensaciones que nunca imaginé, ni en mis mejores sueños.

Sitios como Corea, Japón, e India, me dejan con la boca abierta y cambian completamente mi perspectiva sobre la vida y los viajes. Pero si tuviese que elegir ahora mismo uno solo de esos sitios, me quedaría con la India.

La India es un país maravilloso y único, capaz de lo mejor y lo peor. Siempre digo que el que va solo puede amarla u odiarla, pero nunca conocerás a nadie que haya quedado indiferente después de visitarla. Es una experiencia que hay que vivir sí o sí.

Por muchas palabras que escriba es prácticamente imposible transmitir lo que este país deja en ti tras conocerlo. Está llena de intensidad en todo: olores, sabores, sonidos, emociones.

Compartir ratos con los nativos, ver el templo Akshardhan, comer cientos de Malai Kofta, viajar en tren, vivir y sentir el templo dorado de Amristar, visitar el “Beatles Ashram” en Rishikesh, conocer a las “Sheroes”… Son experiencias que te llevas de por vida. Y que no pasan en ningún otro lugar.

Como un buen apasionado de la comida, antes de ir estaba muy nervioso por saber qué iba a encontrarme. Hoy día no puedo estar más enamorado de la comida india. Creo que es la más exquisita de todos los países en los que he estado.

Es un país mágico.

Viajar a él, sobre todo si es la primera vez que visitas el país, puede ser lo mejor y lo peor que te pase en la vida. No es el país más sencillo del mundo para viajar, pero te aseguro que es una zona increíble, y que te deja marca.

En mi caso, ya de camino a visitar 60 países, India ha sido el que más me ha sorprendido hasta el momento.

Poder disfrutar, recorrer y sentir un país así de una forma tan real y verdadera, me hace reafirmarme día a día en mi elección de vida, en esta vuelta al mundo, y en todos los sacrificios para seguir con ella.

Lo volvería a hacer una y mil veces, y para todo aquel que quiera unirse a este camino, dos recomendaciones:

  1. Déjate de excusas y monta tu blog y tu negocio online ya para vivir como quieras. Si yo lo hice, tú también puedes.
  2. La India es un país complicado, pero si dejas que el miedo te frene, te perderás una de las experiencias más enriquecedoras de tu vida. Sigue estas recomendaciones, y disfruta el viaje.

 

 

Borja de Europeos Viajeros

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El viaje que más me ha marcado, y que ha sido una gran experiencia viajera, fue el Interrail que realicé el 2010 con uno de mis mejores amigos.

Durante 15 días la locura nos invadió, hasta el punto de visitar 7 países y 11 ciudades distintas (digo visitar porque en algunas estuvimos solamente unas horas, y no nos dio tiempo para descubrirlas).

Durante ese viaje sufrí inclemencias meteorológicas, retrasos de vuelo, dificultades por el idioma, cambios de moneda, me perdí, aprendí a convivir con gente de otras culturas.

En resumen, una de mis grandes experiencias viajeras que nunca olvidaré.

 

 

Carlos de Faro Travel

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Mi viaje especial fue el que hice cuando salí de la Universidad.

Fue el espacio para llenarme de nuevas experiencias, entender las cosas que me apasionaban, y me ayudó a saber qué haría con mi futuro. Y conocer maravillosas personas, culturas y lugares.

Fue el momento en que decidí convertirme en un emprendedor 100% y levantar Faro Travel. Un proyecto por el que hoy me desvivió y me hace muy feliz.

Fue un año trabajando en distintos países, conociendo rincones de Asia, haciendo cursos, practicando idiomas. Pero sobre todo, teniendo tiempo (sin ruido) de escucharme y aceptar que tenía que hacer un cambio.

Me enamoré de países como Italia, Inglaterra y Turquía. Y disfruté enormemente los colores y sabores de Asia.

Entre todos, me quedo con Ubud en Bali. Una joya viajera en la que todavía se pueden conocer increíbles lugares a muy bajos precios. ¡Asia la lleva!

 

 

Christian de Productividad al Máximo

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En Diciembre de 2016 me despedía de mi antiguo trabajo, y hasta Febrero del 2017 no comenzaba el nuevo. Tenía que pensar que hacer en ese mes de Enero; mes de resaca de fiestas navideñas, ¿qué hacer?. Sin pensarlo mucho, decidí lanzarme a la web a buscar destinos. Y ahí apareció un país que llevaba tiempo en la recámara personal, y por una u otra razón nunca había visitado: Hungría.

Con apenas 2 semanas de antelación compré los billetes para embarcarme en mi primer viaje en solitario, en una época de las más frías de ese país.

Al aterrizar y salir a la calle, lo primero que dije fue: ¡buah, que frío hace aquí! El termómetro marcaba -14ºC, así que empecé a ponerme capas como una cebolla.

Fue un viaje que quería tomar con otro ritmo. Apenas llevaba planeado lo que venía para el día siguiente. Solo tenia miradas las zonas para no desperdiciar mucho tiempo.

A lo largo de las casi 3 semanas que estuve allí, recorrí pequeños lugares como las cuevas bajo el Parque nacional Aggtelek (con parte en Hungría y parte en Eslovaquia); el gran castillo de Boldogkő (donde se puede disfrutar de un espectacular menú medieval, con atuendo incluido); las increíbles cascadas heladas de Rám-szakadék (cuidado en invierno, ¡resbala!); la pequeña península de Tihany en el lago Balaton o la bella villa flotante de Blöri Pecatanya.

No hay que dejar de lado las grandes ciudades. De Budapest seria un no parar. Sin meterme en detalles, decir simplemente que volví a ir en el mismo año. No me equivoco si digo que es mi capital, o gran ciudad favorita, hasta el momento. Y luego otras ciudades menos conocidas, como la ciudad universitaria de Miskolc o la tranquila ciudad de Kecskemét.

Viajar en solitario tiene tanto ventajas como inconvenientes. Por un lado, eres libre de hacer lo que quieras cuando quieras, sin depender de la opinión de los demás. También, creo que creces como persona, sacando lo mejor de uno mismo, incrementando las habilidades sociales, lo que te da a conocer a más personas. Como inconveniente, solamente podría recordar aquellos momentos en los que quizás me hubiera gustado compartir con alguna persona, ya que algunas zonas estaban realmente desoladas.

Durante el viaje me aloje en hostales, albergues e incluso en casas de lugareños, lo cual me hizo aprender muchísimo. El tiempo que pase con ellos, mostrándome lo mejor de la zona, llevándome a esos pequeños rincones que uno no encuentra de forma independiente y recomendando otros lugares para los siguientes días que me quedaban.

Concluyendo, fue un viaje que marcó un punto de inflexión. Me puso a prueba, incluso en un país donde si te sales de la capital, no mucha gente controla otros idiomas como el inglés. También me hizo encontrarme conmigo mismo, darme cuenta de lo que realmente me gustaba y quería seguir haciendo. A lo largo del viaje en  solitario, tienes mucho mucho mucho tiempo para pensar. Es sin duda una actividad que creo que poca gente la lleva a cabo y que si lo hicieran, muchas vidas cambiarían.

Desde hace varios años tengo claro que las experiencias que uno vive cuentan mucho más que cualquier bien material. Es por ello que, desde mis propias vivencias, intento inculcar de la mejor forma posible este aspecto a familiares y amigos.

¡Un abrazo y feliz viaje!

 

 

Cintia de Cintia’s Love in Action

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El viaje que cambió mi vida por completo fue el que hice durante mis dos años sabáticos por Asia sin fecha de regreso, el cual marcó, sin duda alguna, un antes y un después.

El motivo por el cual decidí irme fue porque llegó un momento en que toqué fondo y necesitaba un cambio de vida urgentemente. Había caído atrapada en la rutina, el trabajo y una vida de subsistencia que no me pertenecía, lo cual hizo que acabara entrando en una fuerte crisis existencial en forma de depresión.

Yo tenía claro que a mí no me pasaba nada, ¡simplemente no era feliz con la vida que tenía! Así pues, decidí tomarme esos 2 años sabáticos para viajar, disfrutar, descansar, leer, meditar, escribir… ¡pero sobretodo para conocerme a mí misma! Quería dedicarme conscientemente a mi proceso de crecimiento personal y espiritual, ¡y aquello revolucionó mi vida por completo!

Visité Tailandia, Laos, Camboya, Indonesia, Myanmar, Malasia y Sri Lanka. Durante el viaje fui comprendiendo todo lo que había sucedido en mi vida, y tuve claro qué cambios debería hacer para vivir la vida de mis sueños. ¡Y lo hice!

Decidí no regresar a mi trabajo de maestra funcionaria, emprendí mi negocio online Cintia’s Love in Action, empecé a hacer de coach para ayudar a transformar la vida de otras personas también… ¡y a partir de ahí todo vino rodado!

Entendí que la vida es un regalo, y no podemos malgastarla viviendo una vida que no nos pertenece. Alcancé la libertad que siempre soñé tener, y a día de hoy, sigo creciendo y evolucionando embarcándome en nuevos proyectos, como la escritura de mi libro “Sí a la verdad”, donde, en parte, cuento muchas cosas que aprendí en ese increíble viaje.

Te animo a vivir una experiencia similar, porque sé que te marcará y todo, absolutamente todo, ¡tendrá mucho más sentido! ¡Mis mejores deseos para ti!

 

 

Cecilia de Cecilia Jalfin 

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Tres meses en el outback australiano. Y he aprendido de los caminos desiertos, de la tierra roja, donde los sucesos acontecen en la profundidad.

He aprendido de los árboles verdes radiantes aun en los tiempos donde la lluvia no se hace amiga;

He reaprendido a caminar en presencia, con un paso lento y consiente para no tropezar con serpientes ni sapos venenosos;

He corrido, con fuerza y sin aliento en el medio de los bushes con miedo a que la noche me encontrara;

He encontrado cobijo en la ruta, llorando sin consuelo mirando al sol esconderse;

He vencido al miedo de tener miedo;

He amado con cada célula de mi cuerpo;

He sido querida y odiada, y no me he tomado personal ninguna proyección ajena;

He creado cientos de planes minuciosamente, y con el mismo detalle y paciencia los he desarmado uno a uno;

Me he quedado dormida mirando la luna;

Me he enamorado de las historias ajenas, de las sonrisas de los viajeros, del viento que acompaña el anochecer y de la luz de la luna llena;

He hecho cosas no pensadas, he limpiado baños y me he reído de mi ego, he bailado a escondidas y sin razón alguna;

He aprendido que el estado de samadhi puede acontecer aun en los trabajos más simples, como haciendo camas cuando uno está presente;

He quedado muda ante el canto de los pájaros;

He llorado hasta sentir que mi alma se desgastaba, así como mi ropa se ha disuelto por los efectos del sol;

He instalado un estado de contentamiento en mi que me abraza desde adentro hasta en los momentos de más desconsuelo;

He aprendido a desconfiar de las personas que sienten la soledad cuando están solas porque quien no ha aprendido estar solo no puede estar con nadie, y he abierto mi alma a aquellas personas que brillan con su propia luz;

He tomado conciencia de la energía de los demás y como puede ella ser un alimento o una enfermedad, he aprendido que las emociones que siento a veces simplemente no son mías y he entrenado a ese observador;

He convertido a totales desconocidos en amigos íntimos en dos segundos ;

He experimentado que un dolor en el alma puede ser más punzante que el dolor de un dedo roto;

He enfrentado mis miedos mas profundos: la pobreza, quedarme sin techo y sin comida cuando quedé en el medio de la nada sin saber para donde ir;

He hecho dedo en la ruta para conseguir trabajo, he ganado dinero y también lo he perdido;

He aprendido que puedo levantarme un día en cualquier lugar del mundo y tener las herramientas y recursos para sobrevivir y volver a empezar;

He vivido 100 % por mi misma, me he hecho responsable de mis actos;

He resignificado el concepto de la ayuda;

Me he encontrado con un coraje y una fuerza salvaje en mí que jamás había percibido hasta entonces;

Tras 3 meses en el outback australiano me siento más viva y joven que nunca en vida, percibiendo un fuego interno que me desborda de energía y con la convicción que el mismo me puede llevar a cualquier lugar.

Te invito a leerme www.ceciliajalfin.com/blog donde escribo acerca de libros, coaching, productividad, neurociencias, yoga y más!

 

 

Christian de Mil Rincones 

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Quizás esta experiencia que os vengo a contar, os sirva como idea para próximas escapadas. Aquí os dejo mi viaje por Ametlla del Mar:

Muchas horas después de buscar viajes para conocer el Mediterráneo y con las propuestas tan distintas que nos planteábamos para verano, esta vez nos decidimos por experimentar e innovar en nuestra forma de viajar, por lo que decidimos disfrutar de unas vacaciones en un camping.

Aunque era una idea atrevida y desconocida para nosotros, decidimos pasar una semana en un camping a los pies de una preciosa cala.

Cargados de cosas en el coche, y con muchas ganas de unas esperadas y merecidas vacaciones, nos pusimos rumbo al este de la Península.

Como fuimos a finales de Agosto, las parcelas con vistas al mar estaban libres, una de las ventajas de ir en esas fechas, por lo que decidimos instalarnos en una de ellas.

En cuanto al tema de montar la tienda de campaña, mejor no entro. Solo decir que la tienda tiene unos 15 años y fue una odisea, no es tan fácil como las de ahora, pero aun así, conseguimos ponerla en pie.

Cada mañana al despertarnos, el sonido de las olas y el canto de los pájaros, nos permitía disfrutar de la tranquilidad de la naturaleza en su máximo esplendor.

Sobre Ametlla del Mar, es un pueblo costero bastante pequeño, con lo que en un día nos dio tiempo para conocerlo entero. El puerto y las calas, fue lo que más nos gusto. La mayoría de los días nos tiramos en la playa para aprovechar el buen clima de la zona.

 

 

Edu de Ruta Kaizen 

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A finales de 2014 me tomé un tiempo sabático para viajar solo al Sudeste Asiático. Lo que en principio iban a ser 2 o 3 meses, se acabó convirtiendo en un año.

No fue sólo un viaje físico, sino más bien una revolución interior, ya que durante el viaje, y después, descubrí que había estado llevando una máscara toda mi vida.

Más allá de los increíbles lugares que visité, fue un duro proceso de autodescubrimiento acompañado de una depresión, pero viéndolo con perspectiva también fue muy liberador.

Para tomar la decisión lo único que hice fue escucharme a mí mismo, confiar en la vida y hacer caso a mi voz interior, aunque quizá no tenga mucho sentido lo que diga esa voz.

Hoy me considero una persona en paz y auténtica, dos cualidades que valoro mucho en las personas con las que conecto.

De hecho, algo de lo que me di cuenta al viajar solo por el mundo es que la calidad de tu vida depende de la calidad de tus relaciones, empezando por la que mantienes contigo mismo.

 

 

Erika & Ivan de Viviendo por el Mundo

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Todos los viajes que hacemos son especiales, de eso no cabe duda, pero al pensar en “EL VIAJE” que nos ha cambiado la vida, no podemos pensar en otro que no sea nuestra Vuelta al Mundo durante más de 2 años.

Como puedes ver en nuestro proyecto ViviendoporelMundo, hubo un antes y un después de este viaje. No diremos nada nuevo si decimos que un viaje de esta envergadura te hace crecer tanto por dentro como por fuera. Te vas siendo una persona, y vuelves (si vuelves…) siendo otra muy distinta.

Estuvimos 27 meses recorriendo más de 17 países. No viajábamos por ellos si no que vivimos en ellos. Esa fue la esencia de nuestro viaje. Las estancias en cada país empezaron por ser de un mes y, al final, ya nos quedábamos 4 o 5 meses en cada uno. Es fue la clave.

Vivir en tantos países hizo que nos conociéramos a nosotros mismos, de tal modo que se nos abrieron un abanico de posibilidades personales y profesionales que, hasta día de hoy, están siendo nuestro estilo de vida.

No hemos vuelto a nuestros antiguos trabajos, no hemos vuelto a nuestra rutina del pasado, no queremos la vida que teníamos antes y estamos consiguiendo que así sea.

Durante todos los meses que duró nuestra vuelta al mundo, nunca habíamos sido tan felices. Por este motivo, sabemos que queremos vivir viajando. Como bien indica el nombre de tu proyecto Andrea, ViajesqueTransforman, los viajes son una transformación sobre todo interior, que a nosotros nos llena de vida.

 

 

Francisco de De Rumbo por el Mundo

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El año 2011 lo recordaré siempre como el año de mi primer viaje a Europa, donde además de participar en un Seminario sobre Construcción Sustentable en Dinamarca, tuve la oportunidad de visitar otros países.

A modo resumen: 7 países en total en dos semanas, excluyendo los días del seminario… ¡bastante en muy poco tiempo!, pero mi idea era quedar con una pequeña impresión del continente para tratar de volver a futuro por más tiempo… ¡Y así fue!

Este viaje fue, sin lugar a dudas, el viaje que marcó un antes y un después en mi vida, ya que durante mi estadía en Dinamarca, tuve la oportunidad de conocer Copenhagen. Y quizás, lo más importante, supe que existía la posibilidad de vivir y trabajar en el país; y dado que uno de mis grandes sueños era vivir en Europa, me propuse intentarlo.

Dos años después de este viaje europeo, ya estaba en las preparaciones para irme a vivir a Europa, justamente a Copenhagen, Dinamarca, país en el cual pude vivir durante 4 años. Allí trabajé, visité y fui visitado por amigos y, quizás, lo mejor es que tuve la oportunidad de viajar bastante gracias a mis condiciones de trabajo, llevando un ritmo de vida casi nómada, en que mis semanas de descanso me iba de viaje a algún lugar por descubrir.

Fue así como durante los últimos 3 años mi ritmo de viajes incluía haber estado en, al menos, 20 países por año. Bastante enriquecedor, pero así también bastante cansador. A pesar de todo, ¡estaba feliz mientras viajaba!

 

 

Florencia de Tramando Viajes

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Estaba atravesando un momento de bastante estrés a nivel personal y laboral, cuando de repente surgió la idea de un viaje con mis amigas. Lo que en un principio pareció una locura, finalmente se concretó y allí partimos las 4 de lo más entusiasmadas.

Viajar con amigas tiene un encanto especial. Nadie te apura, nadie te pide cosas. Volvemos a ese estadio adolescente donde no había obligaciones y lo único que importaba era pasarla bien. No importa la edad, somos chicos otra vez.

En esos viajes todo es motivo de risa, las anécdotas son repetidas una y mil veces, el auto es un un desorden absoluto de compras amontonadas. En síntesis, ¡el relax es absoluto!.

En ese maravilloso estado de gracia, llegamos a Rye, pueblito encantador del sur de Inglaterra, ubicado en el condado de Susex, con algo más de 4.000 habitantes. Paramos en una posada encantadora, atendida por hombres simpatiquísimos y de lo más peculiares: los dueños, el jardinero y los camareros.

Pero, las peculiaridades no terminaron ahí. Salimos a recorrer el pueblo, y a pesar de que era bastante chiquito no logramos encontrar la Mermaid Street que es la principal atracción del lugar.

Pero ahí estaba él, otro hombre encantador, traje blanco, rulos color fuego al viento y botas tejanas. Ante nuestra consulta, no se limitó a indicarnos el camino, sino que nos llevó personalmente intercambiando frases y comentarios que, por supuesto, entendíamos a medias.

Rye es un lugar sumamente visitado por los ingleses, motivo por el cual, sin reserva es muy difícil encontrar lugar para comer en su divinos restaurantes. Gracias a Dios, después de un rato de caminar, encontramos un pub muy lindo, donde comimos muy bien.

Volviendo a nuestra posada, ya de noche, tuvimos que cruzar el cementerio del pueblo. Debo reconocer que yo me resistía, pero me convencieron explicándome que si buscábamos un camino alternativo, la vuelta iba a ser muy larga.

Cuando estábamos  en la mitad del lugar, de repente, vimos una aparición que salía corriendo en la oscuridad, al mejor estilo película de misterio inglesa. Podrás imaginarte que nuestros gritos se oyeron en todo el pequeño pueblo y la “aparición”, que también se había llevado un buen susto, fue al encuentro de su amigo, y con un par de “excuse me, excuse me”, se subió al auto para perderse en la noche.

Que estaba haciendo en ese lugar, a esa hora, nunca lo supimos pero hasta el día de hoy, cuando nos juntamos nos acordamos y nos reímos como la primera vez.

Nunca nos aburrimos de repetir las anécdotas de ese viaje, y seguramente le agregaremos algún detalle ficticio, pero no importa, porque justamente de eso se tratan los viajes con amigas…

Como corolario, ese viaje cambió mi vida, porque a la vuelta resolví problemas de larga data, me di cuenta que nada es imposible y reforcé aún más los vínculos que me unían a mis amigas.

 

 

Gabriela & Yeyo de Caminito Amor

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Para nosotros cada viaje ha cambiado un poco nuestra vida, pero con el que volvimos distintos fue cuando visitamos las Cataratas de Iguazú, más que el viaje lo que nos cambió fue una pareja que conocimos.

Este viaje significó la primera alarma que prendió a nuestro emprendedor y nos demostró que la vida es muy corta para quedarse con ganas. Desde que nacemos solemos planificar y pensar en el futuro. Imaginamos nuestras vidas y constantemente nos quedamos esperando que llegue ese momento que tanto anhelamos.

Nos quedamos ahí, estancados, mirando cómo pasa la vida sin disfrutar de todos los momentos que nos entrega. No logramos comprender, ni mucho menos nos ponemos a pensar, que la vida es demasiado corta como para quedarte con ganas.

Para año nuevo 2016 decidimos ir a conocer una de las maravillas naturales del mundo, las “Cataratas de Foz y Puerto Iguazú”. Un viaje que nos hacía mucha ilusión y que era como todos nuestros viajes antes de emprender, fugaz y aprovechando un feriado para no quitar los pocos días de vacación de nuestros trabajos por cuenta ajena.

Era el primer día del viaje y nos recogieron del Hotel para llevarnos a ver las cataratas desde el lado argentino. Lo primero que hicimos al entrar al bus que nos transportaría, fue conocer al grupo con el que compartiríamos esa mañana, una pareja de alemanes muy simpáticos, una familia alegre (madre, padre e hija) de peruanos y un grupo de brasileros.

Durante el camino entablamos conversación con la pareja de alemanes, la mujer hablaba español así que conversaba con Yeyo mientras yo intentaba practicar mi alemán con su esposo, aunque debo admitir que fue más difícil de lo que esperaba ya que él hablaba más en dialecto, pero entre mímicas y risas todos nos entendemos.

En la charla nos contaron que ya habían recorrido gran parte del mundo, entre Europa, Asia, Oceanía, Estados Unidos y actualmente estaban recorriendo América Latina, desde hace más de un año que viajaban por todo el mundo. Obviamente nosotros los escuchábamos soñando con sus viajes, babeándonos con sus historias, y no pudimos evitar al bajar del bus el preguntarnos. ¿Cómo carajo hacen para viajar tanto? Y ahí luego nuestras creencias limitantes y de escasez de esos momentos nos hicieron asumir tres cosas:

  1. Seguro son millonarios
  2. Deben haberse ganado la lotería
  3. Siempre es más fácil para los europeos porque ganan en euros

Ya en las cataratas nos separamos un rato para que cada uno disfrute del lugar a su manera, nosotros fuimos corriendo al tren que te lleva a la “Garganta del Diablo”, mientras sacábamos fotos y nos sumergíamos en la increíble sensación de vacío que te da mirar la gran caída de agua que representa la garganta.

Seguíamos pensando y comentando las aventuras de esta pareja y su increíble “suerte”. Sin darnos cuenta volviendo al tren para continuar el recorrido, nos encontramos nuevamente con los alemanes, esta vez los dos hombres fueron caminando y sacando fotos mientras yo me quedaba con su esposa. En fin, mientras íbamos conversando yo le preguntaba con ansias y curiosidad sobre sus aventuras y la suerte que tenían de viajar tanto, a lo que me dijo:

”La verdad es que tengo cáncer, mi cabello son implantes de pelo, ya que por la quimioterapia lo perdí todo…, después de que enfermara mi esposo decidió ayudarme a cumplir el sueño de vivir viajando, vendimos todo, nos afiliamos a una agencia de turismo que nos ayuda a encontrar vuelos baratos y desde ese entonces viajamos por todas partes, no quiero morir sin haber vivido”.

WOW, quedé atónita la miré y mi garganta se hizo un nudo, yo pensando que su vida era color de rosas pero no conocía lo que los llevó a tener esa vida, le dije lo orgullosa que debería sentirse por afrontar de esa forma su enfermedad, que era una ejemplo de vida y la suerte que tenía que su esposo la acompañara en su sueño, me sonrió y continuamos caminando sin hablar más.

Volvimos de ese viaje siendo otras personas, dándonos cuenta que la vida es demasiado corta para quedarte con ganas y dispuestos a actuar para cumplir nuestros sueños. Hoy podemos decir que gracias a ese viaje emprendimos juntos en los negocios online y ahora ambos renunciamos a nuestros trabajos por cuenta ajena y estamos dando nuestra primera vuelta al mundo sin fecha de regreso y nosotros tampoco somos millonarios jaja.

 

 

Gloria de Arte Chile 

viaje

¿Por qué se asocia el amor sólo a una pareja?  Uno se puede enamorar de una pintura, de una película que uno mira muchas veces o de ¡un lugar!   Si, de un país o de un pueblo al que quieres volver muchas veces o incluso arraigarte ahí, un lugar en cuya existencia piensas a menudo y ¡te hace soñar con volver a recorrer!

Me maravillo con el mar, las montañas, con la naturaleza. Pero lo que más me cautiva son las ciudades, con su bullicio, sus costumbres y su historia.

Desde siempre me gustaron los mapas, y en el colegio nos hacían dibujarlos a escala, y al hacerlos soñaba con los territorios que pintaba, cada centímetro equivalía a muchos kilómetros y ¡en Europa pasaba rápidamente de un país a otro! Y cada vez que vuelo, vuelvo a recrear esos instantes mágicos para mí, dibujando y pintando países, viendo los lagos y las rayas de los ríos.  Por eso elijo ventana en el avión, para disfrutar de esos mapas que veo bajo mis ojos.

Y por esos destinos de la vida, un día llegué a Estambul en Turquía, donde vive una de mis hijas; y desde el primer día, hace varios años, me enamoré de esa ciudad y del país. Al recorrer sus calles empedradas es imposible no transportarse en el tiempo. Se mantienen las construcciones tal como hace muchos siglos, y se ven vestigios de la dominación romana, de la influencia griega; y 5 veces al día se escucha, en árabe, el rezo en las mesquitas, que llega al fondo del alma, aunque no entiendes lo que dice y escuchas. Hace poco he sabido lo que dicen las oraciones, pero no puedo dejar de emocionarme al escucharlas, y saber que estoy ahí.

Mirar los frescos en las iglesias ortodoxas y los azulejos en las mesquitas, palacios y hasta en las estaciones del metro y ascensores,  es realmente una maravilla para los sentidos.  Para que decir el recorrer el Gran Bazar o el Mercado de las Especies; y salir cada vez por distintas, bellas y estrechas callejuelas, donde antes caminaron tantas civilizaciones durante siglos.

Realmente Estambul o “Istanbul” me cautivó. Y sólo puedo decir, en turco: “seni seviyorum Istanbul” ( “te amo Estambul”).

 

 

Haritz de Australiaje

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El viaje que sin lugar a dudas me ha cambiado la vida es el de Australia. No es un viaje al uso, ya que vine para trabajar y vivir aquí, y aún no he vuelto.

Entonces, ¿por qué me atrevo a adelantar semejante afirmación? Son varios los motivos, pero principalmente destaco los siguientes:

  • Vivir y trabajar en otro país es un sueño hecho realidad. Además en Australia, que era el número 1 en mi lista de destinos pendientes. 2 en 1 en toda regla.
  • Poder conocer lugares y animales que parecen de otro planeta, como la Gran Barrera de Coral.
  • Su enorme tamaño hace que relativices todo como nunca antes lo habías hecho. En España me daba pereza ir a tomar unas cervezas al pueblo de al lado, mientras que aquí puedo tranquilamente ir a hacer un picnic a un parque situado a 2 horas en coche, y ni siquiera te lo planteas.

Espero que mis palabras te motiven e inspiren para perseguir, con más ansias si cabe ese viaje especial, que no te puedes quitar de la cabeza.

Si tú también sueñas con Australia, te estaré esperando 😉

Un abrazo.

 

 

 

Jesús de Libres Viajeros

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Sin ninguna duda, el viaje que ha cambiado mi vida por completo ha sido los seis meses que pasé viviendo solo en Brasil.

Ir a un país completamente diferente a España, con un idioma nuevo el cual no hablaba y, además, solo sin conocer a nadie, marcó un antes y un después.

En primer lugar, el simple hecho de dar el paso y decidir lanzarme hacia la aventura fue un reto para superar los miedos al salir de mi zona de confort.

Durante las primeras semanas, fueron días muy duros en los que no me podía comunicar con nadie, pero poco a poco, uno se va implicando en el problema y a base de supervivencia se van sacando las cosas hacia delante.

Hubo momentos malos, te voy a ser sincero, pero los momentos increíbles superaban a estos, sin duda alguna.

Una de las grandes ventajas de viajar solo que descubrí en ese viaje fue el autoconocimiento. El pasar mucho tiempo sin alguien al lado (aviones, esperas, etc) hace que conectes más contigo mismo, y disfrutes de todos esos momentos que realmente te gustan como leer por ejemplo.

También, aumenta tu capacidad para resolver problemas, ya que no tienes a nadie detrás que te vaya sacando las castañas del fuego. Eres tú el único responsable de todo lo que te ocurre, por lo que no te queda otra que implicarte en todo.

Brasil me ha transformado por completo, y la verdad es que ahora soy una persona más abierta y razonable. Te das cuenta  que la mayoría de los problemas que tenemos son minúsculos en comparación con los grandes problemas de la realidad.

Comienzas a valorar las cosas y disfrutas más de los pequeños momentos.

Un viaje así te permite vivir nuevas experiencias y aventuras, conocer personas maravillosas y, sobre todo, crecer como persona.

Como conclusión, me gustaría decirte que actúes de una vez por todas, que nunca va a ser el momento perfecto para irte y que cuanto antes lo hagas mejor. Quiero que realices ese viaje que tanto tiempo llevas queriendo hacer. Y  si es solo y a un país con una cultura completamente diferente, más enriquecedor será.

Por cierto… Disfrutarás como un enano 🙂

 

 

 

Julia de Camino Salvaje

viaje

Aunque no fue mi primer viaje ha sido, probablemente, el viaje que más me ha cambiado la vida. No lo fue por ser un viaje largo, o uno de aventura. No fue ninguna clase de viaje alucinante. Simplemente me fui a Estocolmo. Lo que lo hizo diferente, lo que hizo que ese viaje lo cambiase todo, fue que por primera vez me iba sola de viaje.

Estaba haciendo mi Erasmus en Letonia y quería visitar Estocolmo. Varias chicas de la residencia donde vivía decidimos comprar los billetes de avión e ir todas juntas. Poco a poco, y por distintas circunstancias, todas se fueron retractando. Que si dinero, que si problemas de pasaporte, que si me han puesto un examen… Y finalmente me quede yo. Sola.

Tenía dos opciones, o decidir no ir, perder el billete de avión y no pasar por tener que irme sola. O quitarme los prejuicios de encima y lanzarme a esa aventura. Viajar sola por primera vez. Y, obviamente, me decidí por la segunda. Probar cómo era eso de viajar sola.

Durante un fin de semana me deleité con la libertad de ir a mi ritmo. De parar a contemplar los patos de una isla. Admirar el Museo Vasa durante horas, sin prisas ni agobios. Comer un bocadillo en un banco de un parque disfrutando del sol en la cara. Y disfruté muchísimo.

Ese fin de semana me abrió los ojos. No solo era completamente capaz de viajar sola, sino que además me encantaba.

Desde entonces los viajes en solitario han continuado. No solo por Europa, sino por el mundo entero. Nunca hubiera podido hacer la mitad de cosas que he hecho en los últimos años, si por aquel entonces no me hubiera quitado los fantasmas del miedo de encima.

 

 

Juan de Juan por el Mundo

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Sin duda, el viaje que cambió mi vida empezó allá por el mes de Octubre de 2016. Solo tenía un billete de ida a América del Sur, una mochila y tantos nervios como ilusión.

Más de 10 meses después, y con 15 países a mis espaldas, el Juan que se fue y el que volvió a España nunca volverían a ser la misma persona. Descubrí que una vida nómada es posible, y que ella me hacía muy feliz.

Disfruté cada instante de las experiencias vividas, de los lugares conocidos; pero, sobre todo, de las personas que tuve la suerte de encontrar en mi camino.

Sigo intentando reflejar todo lo que viví en mi blog www.juanporelmundo.com, animando a la gente a vivir al máximo la vida, como yo lo hice y, seguramente, volveré a hacer.

 

 

María Jesús de Bichito Viajero

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Uno de los viajes que más me ha cambiado fue, justamente, el más reciente: Sudáfrica.

Estar en un país tan diferente al mio, conociendo otras religiones y, sobre todo, entendiendo de primera fuente cómo cambió el país tras el apartheid fue una experiencia inolvidable.

Cuando estuve en la celda de Robben Island, donde Nelson Mandela pasó 18 años encerrado como prisionero político, tuve una sensación que jamás me había ocurrido anteriormente. Fue una combinación de paz y emoción por darme cuenta que ese pequeño cuadrado, con un colchón en el suelo y un par de pertenencias personales, fue parte importante de la historia de Sudáfrica y, a la vez, del mundo.

Otro momento increíble del viaje fue conocer el mítico Parque Kruger y ver al lado mio elefantes, búfalos, jirafas, hienas y tantos animales en su hábitat natural. Eso me hizo entender la importancia de cuidar nuestra fauna y que los animales deben ser lo que son: animales, y no estar encerrados en jaulas ni menos en situaciones de riesgo por malas prácticas de los seres humanos.

¡Viajar es una aventura y nunca debemos dejar de lado ese bichito viajero por descubrir lo que nos ofrece este mundo!

 

 

Macarena de De Mochila y sin Coordenadas

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Hacer un Work and Travel a Estados Unidos fue un viaje que marcó un hito en mi vida. Un antes y después: nada volvió a ser igual.

Por más de tres meses estuve viviendo en un pequeño pueblo llamado Idaho Springs, dedicado al turismo y trabajando en un centro de Ski a 40 minutos de allí.

Estuve una temporada compartiendo con gente de otra cultura, hablando otro idioma, aprendiendo cosas nuevas, viviendo otras costumbres. Todos los días, si bien se mantenía una cierta rutina, sentía estar viviendo algo diferente.

Fue una experiencia muy inspiradora y reveladora: me di cuenta que lo que hacía con mi vida hasta entonces no me terminaba de satisfacer; que mi vida de vuelta en Argentina no me hacía feliz.

Menos de un año de volver de ese viaje, tuve el coraje de cambiar el rumbo de mi vida, de salir a viajar sin fecha de regreso. Y aunque no siempre ha sido fácil, ha sido mi mejor decisión.

 

 

Marta de Pasaporte Solidario

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A pesar de que todos los viajes son especiales y que dejan una huella más o menos profunda, elegir el viaje que me ha cambiado la vida es fácil: mis vacaciones solidarias en la isla de Lamu (Kenia).

En septiembre de 2014 decidí cumplir mi sueño de vivir una experiencia de voluntariado internacional en África, sin saber que aquella decisión iba a cambiar mi vida de manera irremediable. No sólo porque yo volví distinta de aquellas vacaciones, sino porque desde entonces mi vida jamás ha vuelto a ser la misma.

Fueron “sólo” 3 semanas. Y lo escribo entre comillas porque, aun y tratarse de un período de tiempo relativamente corto, fueron 21 días que me aportaron mucho más que todos mis otros viajes juntos: aprendizajes, abrazos, crecimiento personal, autoconocimiento, risas, descubrimiento, generosidad, cariño incondicional…, y todo elevado a la enésima potencia y en el formato más puro que puedas imaginar.

Todo ello vino de la mano de un proyecto de empoderamiento de la mujer (Afrikable ONGD) y de las heroínas de carne y hueso que forman parte de esa gran familia. Con aquellas mujeres aprendí y crecí, y lo sigo haciendo, de una manera totalmente distinta a todo lo que conocía.

Aquellas 3 semanas dieron paso a casi un año de voluntariado como coordinadora de la organización, y la transformación ya fue absoluta.

Compartir mi día a día con aquellas mujeres y sus hijos e hijas, y acompañar a los grupos de voluntarios que llegaban cada mes para vivir unas vacaciones diferentes y con contenido (como yo lo había hecho 6 meses antes), marcó un antes y un después en mí que, aún hoy, me es difícil expresar.

Cuando aquel año terminó, ya no había marcha atrás. Tuve claro que mis prioridades habían cambiado, que mi escala de valores se había puesto del revés, y que la vida que quería no tenía nada que ver con la que había vivido antes de mi paso por Lamu.

Quería ser dueña de mi tiempo, elegir cómo y dónde vivir, y ayudar a otras personas a vivir un viaje tan transformador como el que ya había vivido. Y lo estoy consiguiendo, a través de Pasaporte Solidario, gracias a la huella que aquel viaje solidario dejó en mí.

 

 

Oliver de Oliver Trip 

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Si hay un viaje que marcó un antes y un después en mi vida, ese fue Tailandia. No por el destino en sí, sino por todo lo tuve la oportunidad de descubrir, de vivir, y sobre todo, de comprender.

Antes de emprender mi viaje a Tailandia no tenía ni idea de qué quería hacer con mi vida.

Entonces me encontraba estudiando Turismo, por eso de que me gustaba viajar y se me daban bien los idiomas, pero algo dentro de mí me decía que mi futuro no era estar tras el mostrador de un hotel ni en el despacho de una Agencia de Viajes vendiendo paquetes turísticos.

¡El que quería viajar era yo! Y no dedicarme a vender viajes a otros.

Aquella aventura por Tailandia me sirvió para replantarme la pregunta más importante: ¿Qué hacer con mi vida?

Allí me di cuenta que la vida no es algo que se haga, sino que hay que vivir. No tenía sentido buscar un trabajo ni formarte en algo si antes no tienes claro hacia dónde quieres ir. Así que en lugar de pensar en qué hacer, empecé a reflexionar sobre cómo quería vivir, cuál era ese estilo de vida ideal que quería alcanzar.

Tailandia me mostró parte del camino. No sabía qué quería, pero tenía claro lo que NO quería: 

  1. No quería trabajar desde una oficina, sino tener libertad para currar a distancia, sin depender de un sitio fijo.
  2. No quería una vida monótona. Cada día de mi viaje por Tailandia era una nueva aventura, un nuevo reto. Y la sensación que se me quedó al volver tenía bastante que ver con vivir intensamente y cumplir todos mis sueños lo antes posible, porque no sabía si mañana estaría para poder hacerlos realidad. }
  3. No quería depender de unas vacaciones para viajar. A algunos un mes de viaje os parecerá mucho, pero la realidad es que cuando te envuelves en ese estilo de vida aventurero el tiempo pasa volando. Tanto que acabas perdiendo la noción de las horas y los días. Y aquella de idea de no importar que fuera sábado o lunes, me fascinaba.

Teniendo esto en mente, nada más regresar de Tailandia empecé a investigar por la red y a conocer personas que tuvieran sueños parecidos a los míos, que vivieran un estilo de vida similar. Todo con el objetivo principal de conectar con ellos, aprender de su experiencia y replicar sus pasos para crear un nuevo camino en mi vida.

Con esto el consejo más valioso que puedo darte es que pienses que tú también puedes. Que la clave está en tomarse un tiempo para reflexionar sobre cómo quieres vivir tu vida y que empieces cuanto antes a conectar con las personas adecuadas que, poco a poco, te irán mostrando el camino.

Y si eres fiel a tus ideales y no pierdes la fe en ti mismo, tu momento acabará llegando.

Te lo prometo.

 

 

 

Pepa de Viajes Terapéuticos

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Mi viaje más especial fue recorrer Sudamérica de mochilera durante nueve meses en solitario. Dejé mi trabajo de psicóloga en Madrid y me lancé a una aventura que llevaba mucho tiempo queriendo hacer: irme de viaje sin billete de vuelta. No sabía cuánto duraría el viaje ni llevaba planificados todos los destinos, lo único que sabía era el orden de países para intentar mantener buen clima. El recorrido sería Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.

Tuve muchos miedos antes de irme sobre cómo sería la vida nómada en solitario, cómo me enfrentaría a tomar todas las decisiones constantemente, qué pasaría al volver… pero decidí irme a viajar a pesar del miedo porque el cuerpo me lo pedía con mucha fuerza. No me arrepiento. Ese viaje me hace ser quien soy a día de hoy.

En la ruta conocí cientos de personas, tuve la oportunidad de visitar las cataratas de Iguazú, Rapa Nui o el salar de Uyuni, viví en Buenos Aires y en Valparaíso, me bañé en el Atlántico, el Pacífico y el Caribe, hice autoestop, gané un concurso de escritura y leí mi texto en la calle frente a decenas de personas, dormí en hostales, casas de gente, tiendas de campaña y un camión. Pero además de las experiencias aprendí sobre mis miedos, mis fortalezas, mis virtudes y mis defectos. Aprendí a estar sola y a estar acompañada, a dejarme llevar y a poner límites, a despedirme constantemente de la gente y a cuidarme.

¿Podría haber aprendido todo eso quedándome en Madrid? Probablemente, pero en lugar de haberlo hecho en un año, habría necesitado muchos más. Mi viaje por Sudamérica fue un acelerador de mi proceso de crecimiento ¿y que mejor manera de hacerlo que disfrutando?

 

 

Pablo & Lara de Aquí de Paso

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Hace tres años que vivimos viajando. Pero todo comenzó aquel día en que Nueva Zelanda se presentó ante nosotros como letrero luminoso. Decir que Nueva Zelanda nos cambió la vida es bien literal.

Resulta que antes de ir a NZ, Pablo había viajado siempre de vacaciones, agente de viajes le gustó siempre viajar, pero su vida y su agencia estaban en Argentina. Aquél día que decidió dejar todo e irse sin duda le cambió la vida.

Por mi parte, había viajado pero nunca sola, nunca tan lejos y, hasta ese entonces, con tan poca idea de qué hacer. Era un sueño del que nadie (ni siquiera yo) me creía capaz.

Y cómo nos cambió la vida, te estarás preguntando, porque aún no te conté nada extraordinario.  ¡Nos conocimos!

Desde que ambos llegamos a NZ vivimos juntos, hasta el día de hoy. Nos fuimos solos, pero nunca estuvimos solos. Resulta que vivíamos afuera de Argentina, teníamos miles de aventuras nuevas a diario, un auto, una relación nueva, amigos nuevos y ¡mucho que aprender!

Estuvimos 15 meses y fue de las experiencias más enriquecedoras que vivimos. Sólo, lejos de casa y abiertos a nuevas aventuras. Hicimos del mundo nuestra casa.

Tuvimos 7 trabajos, 3 autos, 8 casas distintas, recolectamos mandarinas, cerezas y kiwis.

NZ fue un camino de ida a la vida del viajero, y sin duda nos cambió al 100% como personas, pareja y amigos.

 

 

Panchi de Panchi Ormazabal

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Una de las aventuras que cambió mi vida fue en el 2016 cuando viajé sola al Reino Unido.

Mi primer vuelo largo, mi primer viaje a Europa. 9 días, 7 ciudades.

Me sorprendí de todo lo que podía decir en inglés, de mi capacidad de ubicarme en una ciudad nueva, de la seguridad con la que me movía.

Me sentí grande, independiente y autónoma; pero tan tan pequeña cuando volví a Londres desde Glasgow.

Ahí estaba yo, con todos mis miedos y mis inseguridades en una ciudad enorme.

Volví a Santiago sintiéndome mejor, más valiente y más segura.

 

 

Sara de Sara Casana

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No puedo enumerar uno. Creo que ha sido un cúmulo de experiencias que han hecho de mí la persona que soy ahora. Asi que os dejo ese pequeño recorrido y los lugares que me marcaron:

Yo he viajado mucho con mi familia, y uno de los viajes que me marcó fue recorrer España, Francia y Bélgica en coche y en camping con mi padre y hermano y primos. Todo niños y un adulto que, por supuesto, me hizo aprender a disfrutar con muy poco de mucho.

Después: Marruecos creo que fue el primer país fuera de la Unión Europea que conocí, gracias a mi amigo Rafa y a mi cercanía con ese país, ya que mi familia vive en Melilla, frontera con Marruecos. Es uno de mis lugares preferidos en el mundo, por su todavía autenticidad,  su poca explotación (aunque ya está cambiando), por la hospitalidad de las personas, por la pintoresca naturaleza que tiene, su extensión, su variedad. Quizá aquí empecé a ver el mundo de otra manera y me llevo a tomar mi próxima decisión:

Que fue dejar todo, mi zona de confort y mi seguridad además de invertir mis ahorros para viajar. Comencé en India, y Wow tiene tanto que ofrecer ese país, cambia tanto tu visión del mundo y de lo que conocemos, de los valores, de los que nos venden etc. Además de leerme un mundo feliz mientras viajaba por allí  y fue un complemento extraordinario. Por supuesto todo lo que vino después, cada uno de los países que visité, es una suma a todo lo que me ha cambiado.

Y no puedo dejar de nombrar un viaje en bicicleta, 4 meses por el sur de Laos y Nueva Zelanda que fue la guinda al cambio de mi percepción a la hora de viajar, vibrar con la naturaleza en todas sus formas, la vida nómada, mi alimentación y estar conmigo misma. Algo que recomiendo mucho hacer alguna vez en la vida, no hace falta ser un experto, yo empecé de cero. Y, por supuesto, de Nueva Zelanda dicen que es como estar casi en el paraíso, que se encuentra entre la tierra y el cielo; y doy fe de ello, es algo que hay que experimentar.

Por último quiero nombrar Couchsurfing y Warm Showers que gracias a la hospitalidad de las personas, hacen que tu viaje no sea para nada común. Gracias todos ellos por ser parte de mi camino, y mostrarme el lado humano y cada sitio de forma única.

www.saracasana.com “abraza tu interior”. La guía de tu viaje interior, tu mapa personal, un reto para todos. En próximos eventos viajes de ocio, cooperación y crecimiento personal.

 

 

Valeria de Consciencia Viajera

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No sé si Benarés me ha cambiado o no, si soy la misma ahora que antes de pisar sus polvorientas y caóticas calles buscando la esencia de una espiritualidad que me costó vislumbrar y que solo fui capaz de intuir por segundos, instantes fugaces, todavía no sé si verdaderos o inventados. Solo sé que estuve allí ahora hace menos de un año, caminando por los ghats que se zambullen irremediablemente en las sucias aguas del río Ganges que a su vez se anuncian como sagradas y que volví con sentimientos encontrados que nunca puse en orden. Solo sé que hoy tengo un billete de vuelta, de vuelta a Varanasi.

No sé por qué y casi ni como, pero así tenía que ser, y en menos de dos meses volveré a caminar esas calles de polvo, ruido y olores, esas calles de la lejana India, de la siempre venerada y sagrada ciudad del Ganges, donde los cuerpos de los hindúes son quemados y arrojados al río para su descanso eterno, la ciudad donde uno va a morir despojado ya de todo lo que no se podrá llevar, de todo lo material. Donde a veces parece que la vida pesa más que la muerte.

Una vez “vivida” por primera vez la India, espero que mis pasos sean más firmes pero a la vez más tranquilos, mi mirada más serena y menos inquisitiva, mis movimientos más ligeros y no tan nerviosos y que mi mente esté más abierta y relajada, sin tantos prejuicios y alertas. Espero poder disfrutar entendiendo y respetando el carácter indio y saber ver más allá, mucho más allá, de una primera impresión preconcebida desde la calidez de la vida mediterránea.

Por eso quiero compartir con todos los lectores de “Viajes que Transforman” mi post dedicado a la primera vez que estuve en Varanasi, porque vendrán otros artículos más sobre esta ciudad que no deja a nadie indiferente, donde reside la esencia auténtica de la India más salvaje y verdadera, y porque quiero que todo viajero inquieto pueda recorrerla y comprendería como a mí me hubiera gustado hacerlo por vez primera, sin tener que dar segundas oportunidades.

Espero que disfrutes leyendo “Varanasi: la India auténtica” tanto como yo escribiéndolo.

 

 

Xavier de Hostelmaniacs 

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He oído cantidad de veces la palabra “El país de las sonrisas” y la mayoría de las veces se han referido a Tailandia. Tailandia es un país fantástico en el cual me he establecido por motivos de trabajo y lo consideré siempre “el país de las sonrisas” hasta que durante mi viaje de 11 meses a través del Sudeste Asiático me tope durante 28 días con Myanmar. Myanmar lo cambió todo y en ese todo incluido, en cierta manera, me incluyo a mí.

Nada más aterrizar me di cuenta que aquello era muy diferente a cualquier otro país al que hubiera viajado hasta el momento. Por supuesto que cada país es diferente, pero allí había algo especial. La gente rebosaba amabilidad desinteresada, no como en otros países en los que tras una sonrisa hay una venta o un servicio. No, no era (siempre) así.

Durante 28 días viví en un país que me adoraba, que querían fotografiarse conmigo, reír conmigo incluso en más de un caso ofrecerme alojamiento por la cara y fue muy fácil hacer autostop. En lugar de que el país fuera una atracción para mí, en momentos yo era la atracción para ellos, querían saber de mí, hablarme, conocerme… Los lugareños eran gente humilde, aunque siempre hay excepciones, que viven con poco, y sonríen como el que más. Un país que aún no ha sido corrompido por el consumismo, ni por el turismo, en donde una sonrisa es una sonrisa y no una venta.

No tengo ninguna duda en que Myanmar me marco, me dejo huella, y esa opinión personal sin lugar a dudas el destino más me hipnotizó de todos. Hay países con playas espectaculares, otros con ciudades increíbles o montañas de fotografía, pero Myanmar fue más allá de todo eso.

 

 

¡Ahora es tu turno! Cuéntame, en los comentarios, cuál ha sido el viaje que te ha cambiado la vida, y lo incluiremos 🙂

 

 

 

Después de vivir en el extranjero y viajar sola decidí reinventarme para vivir más alineada a quien soy y la vida que quiero.
Ahora ayudo a mujeres con su autoestima y autoconocimiento para que cambien su vida y vivan con amor, libertad y abundancia.

Te dejo esta guía gratuita para que empieces hoy mismo.







Descarga gratis: 7 claves para conocerte más y mejor en tu siguiente viaje

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